"Quien piense que muchos de los enormes problemas del mundo comenzarían a solucionarse si cambia el presidente de los Estados Unidos, se equivoca" W. Graziano
Las elecciones presidenciales en Estados Unidos tienen lugar el 4 de noviembre próximo. A raíz de tal acontecimiento, la opinión pública estadounidense y la del resto de los países se encuentran expectantes sobre el destino de las riendas – por los próximos 4 años – del gendarme del planeta tierra, o mejor dicho, de la superpotencia hegemónica a nivel mundial.
Particularmente, la postulación del candidato demócrata Barack Hussein Obama Jr. ha despertado una singular (y sorprendente) perspectiva de cambio en la opinión pública. Tanto a nivel nacional como a nivel internacional, existe una fuerte creencia que el eventual triunfo de Obama va a significar una transformación y un cambio de rumbo en la política exterior norteamericana. La pregunta que cabe hacerse en relación a dicha cuestión es la siguiente. ¿Constituye Obama una verdadera alternativa democrática? ¿Representa un sinónimo de cambio en las relaciones políticas?
Antes que nada, es preciso delimitar nuestro análisis, enmarcando nuestro interés en lo relativo a la política exterior norteamericana en detrimento de la política interna o nacional.
Para responder a los interrogantes planteados es imprescindible echar un vistazo al sistema político estadounidense y recurrir – inevitablemente - a la historia.
El sistema político norteamericano es bipartidista. Esto supone que la lucha por el poder - la contienda electoral y política - se da entre dos partidos políticos, que en los papeles son diametralmente antagónicos en cuanto a sus propuestas y acciones. Este sistema genera una exclusión de los demás partidos minoritarios, discriminación desde el punto de vista del interés de los medios de comunicación, de la influencia, simpatía o afiliación de la opinión pública y de la posibilidad real de ostentar el poder. En definitiva, el sistema bipartidista ocasiona que el acaparamiento y la acumulación de los votos se reduzcan a los partidos demócratas y republicanos. Lo que comúnmente se denomina la “polarización del electorado” en las dos fuerzas políticas principales.
Entonces, al existir dicha limitación en el acceso al poder donde “compiten” exclusivamente el Partido Demócrata y el Partido Republicano, es de trascendental importancia que los dos constituyan reales opciones democráticas al electorado, puesto que por antonomasia la preferencia o cualquier elección se da, necesariamente, entre dos o más alternativas disponibles.
Ahora bien, pretendemos observar brevemente algunas de las administraciones anteriores, con el objetivo de analizar los lineamientos generales en torno a la política exterior y las relaciones internacionales.
En cuanto a la percepción de la opinión pública internacional, se advierte que la vuelta al poder de los demócratas acarreará consecuencias positivas para la comunidad internacional. Lamentablemente, es necesario advertir que, si nos regimos por los últimos diez años de presidencia de la misma tendencia política – Clinton – la situación a nivel internacional no resulta ni alentadora, ni mucho menos estimulante.
En el intento de encontrar posibles trasformaciones en torno al manejo de la política exterior, vamos a utilizar una serie de indicadores que nos van a servir para tales efectos. Entre ellos, seleccionamos puntualmente la relación con la ONU y la comunidad internacional en general, el uso de la fuerza, la cuestión de las armas nucleares y los TNP (tratados de no proliferación) y por último, lo relativo a la protección del medio ambiente.
A simple vista, el común de la gente piensa o cree que el partido demócrata es contrario y reticente a las guerras y los republicanos, muy por el contrario, son los partidarios de los conflictos bélicos.
Durante la presidencia de Clinton como la de Bush, las resoluciones y dictámenes de la ONU y el Consejo de Seguridad (CS) han sido desobedecidas rigurosamente. El uso de la fuerza unilateral constituyó el recurso más utilizado por Norteamérica. Recordemos la desatención del CS sobre el bombardeo a Serbia en 1999. Efectivamente, durante los años de la administración Clinton (1993 – 2001) ocurrieron las invasiones a Haití, la legitimación y el apoyo de la matanza ocurrida en Timor Oriental perpetrada por indonesios, etc.
Evoquemos, en un pasado no tan lejano, la utilización unilateral de la fuerza por parte de la administración Bush sobre las invasiones a Afganistán e Irak.
La mayoría de estas invasiones – eufemísticamente llamadas intervenciones – fueron y son consideradas como “ilegales pero legítimas”. El rótulo legal / ilegal viene dado por la aprobación (o la negativa) del CS, el encargado de "mantener la paz y la seguridad internacionales", y la cuestión de la legtimidad / ilegitimidad proviene del agotamiento (o no) de las vías diplomáticas y de pretextos tales como el reestablecimiento de la democracia, las intervenciones humanitarias, derechos humanos, libertad, etc.
Con respecto al incremento de armamentos de tipo nuclear y a los tratados que proponen delimitar y abolir su uso y producción (como los TNP), tanto demócratas, como fundamentalmente republicanos, han realizado una contribución nula o inexistente para tales fines.
El protocolo de Kyoto, cuyo objetivo consiste en reducir los niveles de emisión de los gases de efecto invernadero, procurando medidas contra el calentamiento global, fue firmado – pero no ratificado – por Estados Unidos. Tanto Clinton como Bush no prestaron ninguna señal de apoyo ni colaboración alguna para la protección del medio ambiente. Bush llegó al punto de poner en duda la veracidad y existencia de los efectos negativos que se desprenden del calentamiento global.
La administración Clinton demostró, según propias palabras del presidente, que dicho país “tiene derecho a recurrir a cualesquiera medidas que considere apropiadas (…) y garantizar el acceso sin impedimento a los mercados, reservas energéticas y recursos estratégicos claves” (Chomsky, 2006). Si lo comparamos en perspectiva con las últimas incursiones bélicas hacia Irak, no hace falta ser un experto observador para concluir que las similitudes son asombrosas y escalofriantes.
El desenlace del texto arroja una serie de conclusiones que es menester destacar. Primero, es de absoluta percepción la crisis democrática que padece la sociedad norteamericana. Por un lado, como vimos, la imposibilidad de poder optar por modelos claramente diferenciados. Tanto las propuestas republicanas como las demócratas difieren con mínimas reservas, y en los modos – no así en el “fondo” de las cuestiones. Por el otro lado, la canalización de los deseos e intereses de la opinión pública por parte de los gobernantes se ha distorsionado evidentemente. Si se echan ojos sobre una serie de encuestas y sondeos, más de uno se puede sorprender al enterarse que gran parte de la opinión pública norteamericana está en contra de la invasión a Irak, de la negativa del protocolo de Kyoto, a la proliferación de armas nucleares, entre otros aspectos. Segundo, si nos guiamos por los sabios dictámenes de la historia, es conveniente advertir que la política exterior de Estados Unidos se caracteriza por mostrar una poderosa continuidad, ya sean administraciones demócratas o republicanas, los lineamientos generales en cuanto a relaciones internacionales “descansan sobre tres pilares: la premisa de la virtud moral única de los EE. UU, la afirmación de su misión de redimir al mundo difundiendo sus ideales profesados y el modo de vida norteamericano y, siempre, la fe en el destino divinamente decretado de la nación” (Chomsky, 2006).
Por las cuestiones que se han expuesto, creemos que es sumamente difícil – hasta casi utópico – imaginar un cambio de rumbo en cuanto a la política exterior de Estados Unidos. Ni Obama, ni mucho menos McCain, representan verdaderos agentes del cambio. Las políticas referidas al medio ambiente, al armamento nuclear, al uso de la fuerza y al papel de la ONU son compartidas por la elite política y la opinión pública norteamericana que contempla con desatención y peligrosidad, las difusas - y cada vez más estrechas - líneas que dividen a las dos fuerzas políticas principales. Las diferencias pueden venir, como se dijo, en lo procedimental o en el modo (por caso, el tema invasión a Irak).
El panorama internacional es particularmente desalentador, considerando entre otros problemas, la crisis del petróleo que se avecina y la crisis económica estadounidense.
por D.B.
miércoles, 3 de septiembre de 2008
¿Demócratas o Republicanos?
Etiquetas:
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1 comentario:
Aun compartiendo la mayoria de las aseveraciones,creo que en realidad el proceso politico norteamericano,s solo el reflejo de la mayoria de la sociedad norteamericana.
Seria ocioso citar a aquel politico que dijo"100.000 muertos en cualquier parte del mundo,aun cuando algunos de estos son connacionales,inciden menos en el elector,que el precio del tomate para el ketchup"
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